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La historia de Nohemy Pérez Barrera no empieza en una habitación de hospital, sino en una madrugada de incertidumbre, dolor y puertas cerradas. Lo que parecía un día más de lucha contra una enfermedad compleja terminó convirtiéndose en el inicio de un camino de cuidado, humanidad y fe en la Clínica Medellín. 
 

Una madrugada difícil y un diagnóstico que pesa 

Nohemy llegó a Medellín con un diagnóstico reciente y contundente: Leucemia Linfoblástica Aguda de células B (LLA-B), un tipo de cáncer de la sangre y de la médula ósea que requiere atención inmediata, tratamientos intensivos y un acompañamiento multidisciplinario constante. 
 
Venía desde el Urabá antioqueño, donde había tomado la decisión de salir voluntariamente del centro médico donde estaba siendo atendida. Buscaba una segunda oportunidad, un lugar donde pudiera recibir el tratamiento adecuado y sentirse segura. Pero esa madrugada, la ciudad le cerró tres puertas seguidas: “Me acerqué a tres hospitales y no me recibieron… mi cuerpito ya estaba cansadito”, recuerda. 
 
Agotada, sin fuerzas y con la incertidumbre de no saber qué hacer, decidió descansar unas horas. No imaginaba que, al despertar, la vida le tenía preparado un giro inesperado. 
 
Un encuentro que cambió su destino 

Al mediodía, tomó un taxi sin saber que ese conductor sería clave en su historia. Él tampoco conocía su situación, pero al escucharla decidió intervenir.  
 
“Yo los voy a llevar a la mejor clínica”, les dijo, mientras mostraba la cicatriz de una cirugía que años atrás le había salvado la vida en la Clínica Medellín. 
 
Ese gesto —que ella describe como “enviado por Dios”— la condujo directamente al servicio de urgencias de la institución. Allí, por primera vez en horas, sintió alivio: la escucharon, la valoraron y comenzaron de inmediato los exámenes necesarios para entender su condición. 
 
Aunque ingresó como paciente particular, pagando hospitalización y quimioterapia mientras su EPS resolvía trámites, el enfoque del equipo fue claro desde el primer minuto: proteger su vida y estabilizar su salud. 
 
Del cuarto al quinto piso: un lugar donde encontró más que atención médica 

Tras los exámenes iniciales, Nohemy fue trasladada al quinto piso, el área de oncología. Allí encontró algo que no esperaba: un ambiente donde la ciencia y la calidez humana conviven todos los días. 
 
“Todo me parece maravilloso… desde la niña que me trae el alimento hasta el médico de más alto rango. Aquí hay una calidad humana increíble”. 
 
Para ella, cada persona que entra a su habitación —la 519, como dice con orgullo— aporta algo esencial: una palabra amable, un saludo, un gesto de cuidado. 
 
Destaca especialmente a su médico tratante: “El doctor Jorge Salinas… ese médico es maravilloso. Yo siento que cada persona que ha llegado a esta habitación ha sido enviada por Dios”. 
 
Una enfermedad compleja enfrentada con actitud y fe 

La Leucemia Linfoblástica Aguda de células B es una enfermedad agresiva que afecta la producción de células sanguíneas y requiere ciclos de quimioterapia, vigilancia constante y un equipo interdisciplinario. 
 
Pero Nohemy ha decidido enfrentarla con una fuerza interior admirable. 
 
“Si yo me tiro aquí a morir, mi cuerpo lo va a leer así. Pero si le demuestro otra cosa, él también tiene que pararse y moverse”. 
 
Ha tenido días oscuros, como ella misma los llama, pero no se queda en ellos. Llora cuando lo necesita, ora, respira, se levanta y vuelve a empezar. Su fe, su familia y el acompañamiento del equipo médico han sido pilares fundamentales. 
 
Una mujer incansable que sueña con volver a su ritmo de vida 

Antes de su diagnóstico, Nohemy llevaba una vida llena de movimiento: es licenciada en educación infantil, niñera, maestra de refuerzos, estilista, decoradora. Una todera como entre sonrisas lo afirma… 
 
“Mi vida era como un carro loco, pero me encanta sentirme útil”. 
 
Sueña con volver a levantarse a las cinco de la mañana, con retomar sus trabajos, con sentir nuevamente la energía de sus días. 
 
Un mensaje que nace del corazón 

Si tuviera que hablar de la Clínica Medellín, Nohemy lo haría desde la gratitud más profunda: “Aquí me siento bien, me siento cómoda, me siento segura, me siento cuidada. Y eso es muy importante”. 
 
Su relato no solo inspira a quienes la rodean; también inspira a quienes la escuchan. Porque en medio de una enfermedad compleja, Nohemy ha encontrado un lugar donde la ciencia y el corazón trabajan juntos, donde cada profesional aporta a su bienestar y donde ella misma ha descubierto una fortaleza que no sabía que tenía. 
 
Una historia que inspira 

Hoy, mientras continúa su tratamiento, Nohemy sabe que no está sola. Está rodeada de un equipo que la cuida, una familia que la ama y una fe que la sostiene. 
 
Y su historia, que comenzó en una madrugada de incertidumbre, se ha convertido en un mensaje de esperanza para todos. 
 
Clínica Medellín, la salud persona a persona.  


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