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Entre diagnósticos inesperados, tratamientos intensos y cambios abruptos en su vida, Ruth Marina López Ciro encontró en la Clínica Medellín algo más que atención médica: encontró un lugar donde volvió a sentirse segura, acompañada y profundamente cuidada. 
 

Un camino difícil que encontró un lugar seguro 

Ruth Marina López Ciro llegó a la Clínica Medellín después de un recorrido complejo por el sistema de salud. Todo comenzó con un dolor persistente en la espalda que, durante meses, fue tratado como un simple lumbago. Sin embargo, tras múltiples visitas a urgencias y estudios especializados, recibió un diagnóstico que cambiaría su vida: cáncer gástrico con metástasis en la columna. 
 
“Descubrieron que tenía metástasis de columna… luego encontraron el primario en el estómago”, recuerda Ruth. 
 
Tras su cirugía y primeras quimioterapias, su EPS la remitió a la Clínica Medellín para continuar el tratamiento. Lo que no imaginaba era que allí viviría una de las experiencias más significativas de su proceso. 
 
El poder del talento humano: donde la empatía también cura 

Desde el primer día, Ruth sintió algo distinto. No era solo la atención médica, sino la forma en que cada persona la hacía sentir vista, escuchada y acompañada. 
 
“Ha sido la experiencia más maravillosa… los enfermeros, jefes, auxiliares, todos son muy empáticos. Me llaman todo el tiempo a ver cómo sigo”. 
 
Para ella, cada ciclo de quimioterapia —ya suma más de trece— ha sido más llevadero gracias a ese acompañamiento constante. Incluso en los días más difíciles, siempre encontró una voz amable, una mano atenta, un gesto que le recordaba que no estaba sola. 
 
Un entorno que inspira confianza 

Ruth también destaca la infraestructura de la Clínica Medellín como un factor clave en su bienestar emocional. 
 
“Los baños aseados, los espacios amplios, bonitos, acogedores… todo es positivo”. 
 
La comparación con otras instituciones donde estuvo temporalmente la marcó profundamente. En su relato, describe cómo un espacio reducido, desordenado o poco digno puede afectar el ánimo de un paciente que ya enfrenta una situación vulnerable. Por eso, volver a la Clínica Medellín fue para ella un alivio inmenso. 
 
Un mensaje que nace desde la gratitud 

Ruth no duda en recomendar la institución a quienes la rodean. Su voz se llena de convicción cuando habla de la calidad humana y profesional que ha encontrado allí. 
 
“A todos les digo: pidan que los envíen a la Clínica Medellín… allá se van a sentir bien atendidos, confiados y seguros”. 
 
Para ella, la Clínica Medellín no es solo el lugar donde recibe su tratamiento: es un espacio que le ha devuelto tranquilidad, esperanza y la certeza de que está en manos que realmente se preocupan por su bienestar. 
 
Una vida que sigue adelante 

Hoy, Ruth divide su tiempo entre Medellín y un espacio campestre en Guarne donde respira aire puro y encuentra calma. Aunque dejó de trabajar para enfocarse en su salud, continúa apoyando a otras personas en trámites de salud, un gesto que refleja su espíritu solidario. 
 
Y mientras avanza en su proceso, lo hace con una certeza profunda: “Por la confianza que me brinda la clínica, yo me siento segura, me siento confiada en mi recuperación”. 
 
Una historia que inspira 

La experiencia de Ruth es un recordatorio poderoso de lo que significa cuidar a una persona en su totalidad: cuerpo, mente y emociones. Su testimonio no solo habla de tratamientos médicos, sino de humanidad, acompañamiento y dignidad. 
 
En la Clínica Medellín, Ruth encontró más que un servicio de salud: encontró un equipo que camina con ella, que la sostiene y que le demuestra, día a día, que incluso en los momentos más difíciles siempre hay espacio para la esperanza y para una sonrisa. 
 
Clínica Medellín, la salud persona a persona.  




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