Entrar a una clínica sin saber qué ocurre en tu cuerpo es una de las experiencias más desestabilizadoras que puede vivir alguien. Para Eliana, ese momento marcó el inicio de un camino inesperado, lleno de preguntas, miedos y decisiones que no imaginaba enfrentar. Pero también fue el comienzo de un encuentro profundo con la esperanza, la claridad médica y una red humana que la sostuvo día tras día.
Esta historia no es solo la de un diagnóstico o de un tratamiento; es la de cómo una mujer descubrió fuerza en medio de la incertidumbre y encontró, en la Clínica Medellín, un lugar donde no tuvo que caminar sola.
Cuando Eliana María Berrío Jaramillo llegó a la Clínica Medellín, no imaginaba que estuviese a punto de enfrentar uno de los capítulos más desafiantes de su vida. Había acudido por recomendación de su internista, quien notó alteraciones en sus exámenes y le sugirió realizar estudios más avanzados.
Hasta ese momento, la clínica no estaba en su radar: “nunca había estado enferma… saber a qué clínica iba me era completamente indiferente”, recuerda.
Lo que comenzó como una consulta rápida terminó convirtiéndose en una hospitalización prolongada, un diagnóstico inesperado y un proceso que transformó su manera de ver la vida.
El diagnóstico que detuvo el tiempo
Tras varios exámenes y días de incertidumbre, Eliana recibió una noticia que, como ella misma describe, “se para la vida completamente”: leucemia. Tenía 35 años y jamás había imaginado escuchar esa palabra asociada a su nombre.
En medio del miedo y la confusión, hubo un momento que marcó un antes y un después: la primera conversación con el doctor Jorge Salinas, hematólogo de Clínica Medellín. Ella lo recuerda con absoluta claridad. Él le explicó con serenidad qué mostraban sus exámenes, qué significaba el diagnóstico y cuál sería el camino a seguir. Le habló con calma, con conocimiento y con humanidad.
Y luego le dijo una frase que se convertiría en su ancla durante los meses siguientes:
“Hoy permítete sentir lo que sea que estés sintiendo. Mañana te levantas a dar tu 50, porque yo doy un 50 para que sea el 100 y para que te mejores”.
Eliana le creyó. Y esa confianza se convirtió en fuerza.
Un proceso largo, acompañado y profundamente humano
Eliana estuvo hospitalizada desde agosto hasta el 15 de enero. Fueron casi seis meses de tratamientos, quimioterapias, exámenes y días difíciles. Pero también fueron meses de acompañamiento constante.
Destaca especialmente la claridad en la información, algo que para ella era vital: “yo necesito siempre entender lo que está sucediendo… y eso lo viví con el hematólogo que me atendió”. Él le entregaba la información en la medida justa, sin abrumarla, permitiéndole avanzar paso a paso sin anticipar miedos innecesarios.
Además del equipo médico, Eliana resalta el apoyo psicológico, psiquiátrico y nutricional. Cada área aportó a su bienestar físico y emocional, y cada profesional dejó una huella en su proceso. Incluso en los detalles cotidianos —como ajustar su alimentación cuando los sabores cambiaban por la quimioterapia— sintió disposición, escucha y soluciones.
“Me sentí acompañada siempre… sentí que todos estaban en función de que yo estuviera bien”.
La importancia del entorno y la actitud
Aunque reconoce que el proceso fue extremadamente difícil, Eliana también descubrió que la actitud personal es un componente esencial del tratamiento. La frase del hematólogo —ese 50 y 50— se convirtió en una guía diaria.
“Ellos ya hacen demasiado entregándote su atención, su conocimiento, sus cuidados… tú también tienes que poner un poquito de tu parte, aún en tu peor momento”.
Vivir “un día a la vez” dejó de ser una frase cliché y se convirtió en una práctica real.
Salir de la clínica: gratitud, aprendizaje y nuevas posibilidades
Cuando finalmente pudo regresar a casa, Eliana no estaba aún en remisión, pero sí llevaba consigo algo invaluable: gratitud. Gratitud por el conocimiento, por el acompañamiento, por la humanidad del personal y por haber encontrado un lugar donde se sintió segura en medio de la incertidumbre.
También llevaba una reflexión que hoy quiere compartir con quienes atraviesan procesos de salud complejos:
“La incertidumbre y el miedo acompañan demasiado… pero la incertidumbre también trae un sinfín de posibilidades. No hay que tenerle miedo. Esas posibilidades pueden jugar a tu favor si las buscas con fe, esperanza y actitud.”
Una historia que inspira
La experiencia de Eliana no romantiza la enfermedad ni minimiza su dureza. Pero sí muestra el poder del acompañamiento profesional, la importancia de la información clara y el impacto de una relación médico–paciente basada en confianza.
Su historia es un recordatorio de que, incluso en los momentos más difíciles, hay caminos posibles, hay manos que sostienen y hay palabras que pueden cambiar el rumbo de un proceso.
Y también es un homenaje a quienes, desde la Clínica Medellín, ponen su 50 todos los días para que otros puedan poner el suyo.
Clínica Medellín, la salud persona a persona.