A veces, la vida cambia de rumbo, pero el cariño y el acompañamiento pueden volver a darle sentido. La historia de Hernán Duarte es prueba de ello: un paciente que, en medio de su tratamiento, encontró en la Clínica Medellín algo más que atención médica… encontró una familia que lo sostiene, lo anima y camina con él.
Hay historias que se cuentan con calma, con la voz de quien ha recorrido un camino difícil pero lleno de afecto, compañía y resiliencia. La historia de Hernán Duarte Cuadros, paciente de la Clínica Medellín desde hace seis años, es una de esas historias que se sienten más que se leen. Una historia donde la enfermedad no borra la esperanza, y donde el cuidado se convierte en familia.
Don Hernán tiene 67 años y convive con un cáncer de orofaringe que le cambió la vida, pero no la voluntad de seguir adelante. Lo dice con una sinceridad que conmueve: “Siendo honesto, muy bien, me siento muy bien”.
Un diagnóstico que transformó su vida, pero no su esencia
Desde hace seis años recibe tratamiento con quimioterapia. El tumor ha reducido su tamaño y él ha aprendido a convivir con una traqueotomía y una colostomía que, lejos de detenerlo, se convirtió en parte de su nueva forma de vivir.
“Ya uno se acostumbra… acepto que es otro estilo de vida. Yo ya me adapté y me siento bien”, recalca con firmeza.
Adaptarse no es resignarse. Adaptarse es encontrar fuerza en medio del cambio. Don Hernán lo ha hecho con una serenidad admirable.
La rutina que sostiene, el movimiento que da vida
Cada ocho días llega a la Clínica Medellín. Se levanta a las 5 de la mañana, hace su limpieza, organiza su día y llega al servicio como quien llega a un lugar seguro, casi como a su casa.
Pero su vida no se limita al tratamiento. Don Hernán se mueve, camina, conversa, hace vueltas, maneja su carrito, un Renault 9 que mantiene como una “uva” con orgullo.
“Me gusta la calle… trato de no dejarme caer”.
Ese carrito —su herramienta, su compañía, su espacio propio— es parte de su identidad. Lo cuida, lo limpia, lo atiende. En él encuentra libertad y propósito.
Un pasado al volante, un presente lleno de fuerza
Antes de la enfermedad, don Hernán fue taxista durante 25 años. Conoció la ciudad, a la gente, las historias que se cruzan en cada trayecto. “Gracias a mi carrito salí adelante… y véame aquí, sigo adelante”.
Ese impulso de seguir adelante sigue intacto. No se apagó con el diagnóstico. No se apagó con la traqueotomía. No se apagó con los tratamientos.
La Clínica Medellín: un lugar que se volvió hogar
Cuando habla de la Clínica Medellín, don Hernán no habla de un hospital. Habla de un lugar que lo ha sostenido, que lo ha acompañado, que lo ha tratado con cariño.
“Me ha dado la oportunidad… para mí es la mejor clínica que hay”.
En la Clínica Medellín lo conocen por su nombre. Lo saludan con afecto. Lo acompañan en cada etapa. Para él, este lugar no es solo donde recibe quimioterapia: es donde recibe humanidad.
Los perros del Programa Woof: visitas que alegran el alma
En medio de su rutina, hay algo que le ilumina el rostro: las visitas de los perros del Programa Woof, el programa de intervenciones asistidas con animales de la Clínica Medellín y la Fundación Instintos. Los acaricia, los mira, los reconoce. Se emociona cuando llegan. “Me gustan los perros… cada vez que puedo los veo.”
Aunque por su condición no puede tener animales en casa, Don Hernán lleva colgados en su maletín un par de llaveros que le recuerdan a los perros del programa: pequeños símbolos de compañía que lo acompañan a todas partes, como si cada visita quedara guardada en su bolsillo.
Para don Hernán, estos encuentros son un regalo. Un respiro. Una compañía silenciosa que le recuerda que la vida también tiene ternura. Los perros —con sus colores, su energía, su calma— le ofrecen algo que ningún medicamento puede dar: alegría inmediata, conexión, alivio emocional.
Un mensaje que nace del corazón
Don Hernán lo resume todo en una frase sencilla y profunda: “Aquí me siento bien.”
Su historia demuestra que el cuidado va más allá de los tratamientos. Que la calidad de vida se construye con compañía, con respeto, con escucha. Que un paciente no es solo un diagnóstico: es una vida entera que merece ser acompañada con humanidad.
Don Hernán sigue adelante. Con su carrito, con su rutina, con su fuerza. Con la certeza de que en la Clínica Medellín encontró algo más que atención médica: encontró una familia… y también encontró en el Programa Woof una fuente de afecto que ilumina sus días.
Clínica Medellín, la salud persona a persona.