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La preparación de medicamentos oncológicos es un proceso crítico que protege la vida de los pacientes, pero también expone silenciosamente a quienes los manipulan. En un entorno donde cada gota, cada vapor y cada superficie puede representar un riesgo, entender por qué normas como la ASTM D6978 son esenciales se convierte en un acto de autocuidado y responsabilidad. 
 

Cuando pensamos en tratamientos oncológicos, solemos enfocarnos en el paciente: su bienestar, su seguridad, la precisión de las dosis y la calidad de los medicamentos. Pero hay un aspecto igual de importante y poco visible: la protección del personal de salud que prepara y manipula estos fármacos todos los días. 
 
Juan Camilo Gómez, químico farmacéutico con más de 17 años de experiencia en la Clínica Medellín, explica por qué este tema es crucial y cómo las normas internacionales, como la ASTM D6978, están transformando la forma en que se preparan las mezclas estériles y los medicamentos de alto riesgo. 
 
¿Qué es una central de mezclas y por qué es tan importante? 

Una central de mezclas es un área especializada donde se preparan medicamentos estériles —incluyendo quimioterapias— bajo estrictas normas de calidad. Su objetivo principal es: 

* Garantizar la seguridad del paciente, 
* Reducir errores en la preparación, 
* Disminuir infecciones asociadas, 
* Optimizar medicamentos y recursos. 
 
Estudios internacionales muestran que centralizar estas preparaciones puede reducir hasta en un 33% los eventos graves relacionados con medicamentos. Pero esta cara “luminosa” tiene otra que pocas veces se menciona: los riesgos para quienes preparan estos fármacos. 
 
La cara oculta: riesgos para el personal de salud 

Los medicamentos oncológicos —citotóxicos y citostáticos— no distinguen entre células cancerígenas y células sanas. Por eso son efectivos… y también peligrosos. 
 
El personal que los manipula está expuesto a: 

* Inhalación de vapores, 
* Absorción dérmica, 
* Derrames accidentales, 
* Cortes o pinchazos, 
* Contacto con superficies contaminadas, 
* Residuos presentes en baños, mesones o equipos. 
 
Estudios europeos han encontrado restos de quimioterapia en superficies hasta 28 días después de su preparación, y presencia de medicamentos como ciclofosfamida en orina del personal expuesto. 
 
Además, la exposición crónica puede generar: 

* Cefaleas frecuentes, 
* irritaciones cutáneas, 
* alteraciones inmunológicas, 
* problemas reproductivos, 
* mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer. 
 
El guante: la última línea de defensa 

Aunque existen cabinas, aisladores y sistemas cerrados, los guantes siguen siendo la barrera más importante entre el trabajador y el medicamento. 
 
Pero no cualquier guante sirve. 

La norma ASTM D6978 —la más exigente a nivel internacional— certifica que un guante realmente resiste la permeación de medicamentos quimioterapéuticos. Esta norma evalúa: 

* Permeabilidad frente a 9 fármacos oncológicos, 
* Resistencia a temperaturas de trabajo reales (hasta 35 °C), 
* Duración mínima de protección (hasta 480 minutos), 
* Espesor adecuado para evitar filtraciones. 
 
Sin esta certificación, un guante puede permitir el paso de moléculas en minutos, especialmente cuando se combina con alcohol u otros desinfectantes. 
 
“A veces es mejor no tener guantes que usar uno que no protege”, advierte Juan Camilo Gómez. 
 
¿Por qué esto también importa para los pacientes y sus familias? 

Porque la exposición no termina en la cabina de preparación. 
 
Los medicamentos oncológicos pueden permanecer: 

* 3 a 7 días en la orina o heces del paciente, 
* en baños compartidos, 
* en superficies hospitalarias, 
* en ropa o elementos manipulados sin protección. 
 
Esto significa que cuidadores, familiares y otros pacientes también pueden estar expuestos si no se siguen las recomendaciones adecuadas. 
 
Un impacto que también es ambiental 

Los residuos citotóxicos deben incinerarse. Cada tonelada incinerada genera 1.7 toneladas de CO₂. Por eso, usar los elementos adecuados —y en la cantidad justa— también es un acto de sostenibilidad. 
 
Normas que protegen vidas: USP 797 y USP 800 

Juan Camilo explica que dos capítulos de la Farmacopea estadounidense (USP) guían hoy las mejores prácticas: 

* USP 797: seguridad del paciente y esterilidad. 
* USP 800: seguridad del personal y del ambiente. 
 
Este último exige: 

* Doble guante certificado ASTM D6978, 
* sistemas cerrados de transferencia, 
* presión negativa en áreas de preparación, 
* capacitación anual del personal, 
* mapas de riesgo y vigilancia médica. 
 
Aunque en Colombia aún no existe una norma equivalente, el INVIMA ya está incorporando estos estándares en sus visitas. 
 
Un mensaje final: proteger a quienes protegen 

La preparación de medicamentos oncológicos es un acto de precisión, ciencia y humanidad. Pero también es una actividad de riesgo que requiere normas claras, equipos adecuados y una cultura de autocuidado. 
 
Como concluye Juan Camilo Gómez: “Lo que hacemos por los pacientes no puede ir en detrimento de nuestra propia salud. Protegernos es parte del acto de cuidar”. 
 
Clínica Medellín, la salud persona a persona.  


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