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¿Sabías que el deseo sexual puede apagarse sin razón aparente… o encenderse hasta volverse incontrolable? Estas dos caras del deseo —el bajo deseo y la hipersexualidad— afectan a miles de personas y suelen estar rodeadas de mitos, silencios y juicios. En este artículo, el Dr. Juan Carlos Orozco Henao, médico sexólogo de la Clínica Medellín, nos ayuda a entender qué hay detrás de estas condiciones. 
 
 
El deseo sexual es una expresión natural del ser humano, influida por múltiples factores que van desde lo hormonal hasta lo emocional, pasando por el entorno social y cultural. Sin embargo, cuando este deseo se apaga o se desborda, puede convertirse en una fuente de malestar, afectar la calidad de vida y requerir atención clínica especializada. El Dr. Juan Carlos Orozco Henao, médico sexólogo de la Clínica Medellín, nos ofrece una mirada integral sobre dos condiciones que suelen ser mal comprendidas: el bajo deseo sexual y la hipersexualidad. 
 
Bajo deseo sexual: cuando el cuerpo calla y la mente se inquieta 

La disfunción sexual por bajo deseo se presenta cuando las fantasías, pensamientos eróticos o el interés por tener actividad sexual están ausentes o reducidos de forma constante o recurrente, generando malestar clínicamente significativo en la persona o su pareja. 
 
Causas orgánicas y médicas 

* Disminución de testosterona (en hombres) o estrógenos (en mujeres, especialmente en la menopausia). 
* Hipotiroidismo o alteraciones en las hormonas tiroideas. 
* Aumento de prolactina, hormona que inhibe el deseo sexual. 
* Enfermedades neurológicas como el Parkinson, que afectan neurotransmisores como la dopamina, clave en la sensación de placer. 
 
Causas farmacológicas 

* Antidepresivos y ansiolíticos que, aunque necesarios para tratar otras condiciones, pueden disminuir el deseo como efecto secundario. 
* Medicamentos que alteran la producción hormonal o la transmisión neuronal. 
 
Causas psicológicas y relacionales 

* Baja autoestima, depresión, ansiedad, estrés crónico. 
* Conflictos de pareja, falta de comunicación, rutina afectiva. 
* Experiencias sexuales dolorosas o traumáticas que generan evitación. 
 
Causas sociales y culturales 

* Educación sexual restrictiva o moralizante. 
* Creencias limitantes (“las mujeres no deben pedir sexo”). 
* Falta de privacidad en el hogar, miedo al juicio o a ser escuchado por hijos o familiares. 
 
Abordaje terapéutico
 
El tratamiento depende de la causa identificada. Puede incluir: 

* Terapias de reemplazo hormonal (testosterona, estrógenos). 
* Ajuste de medicamentos en coordinación con psiquiatría. 
* Psicoterapia individual o de pareja. 
* Intervenciones sexológicas para mejorar la respuesta sexual y la autoestima. 
 
Hipersexualidad: cuando el deseo se vuelve compulsión 

La hipersexualidad se caracteriza por un deseo sexual elevado que puede interferir con la vida personal, laboral o social. No toda persona con alta frecuencia sexual tiene un trastorno; el criterio clave es si ese deseo genera consecuencias negativas o pérdida de control. 
 
Señales de alerta 

* Búsqueda constante de actividad sexual que interfiere con el trabajo, estudios o relaciones. 
* Conductas sexuales de riesgo (sin protección, múltiples parejas, exposición pública). 
* Uso excesivo de pornografía o masturbación compulsiva. 
* Problemas legales, familiares o laborales derivados del comportamiento sexual. 
 
Factores biológicos y neurológicos 

* Niveles elevados de testosterona o dopamina. 
* Hipertiroidismo o exceso de hormonas tiroideas. 
* Uso de sustancias psicoactivas como cocaína, marihuana o LSD. 
* Tratamientos neurológicos que activan el sistema de recompensa cerebral. 
 
Factores sociales y culturales 

* Exposición constante a contenido sexual en redes sociales y medios digitales. 
* Falta de regulación emocional frente a estímulos externos. 
* Entornos que normalizan o incentivan la búsqueda compulsiva de placer. 
 
Tratamiento escalonado 

1. Antidepresivos (sertralina, fluoxetina) que reducen el deseo como efecto terapéutico. 
2. Medicamentos hormonales (medroxiprogesterona) para inhibir la acción de la testosterona en casos graves. 
3. Castración química en situaciones extremas y judicializadas. 
4. Psicoterapia especializada para abordar compulsiones, autoestima, trauma y contexto social. 
 
Diferenciar para tratar 

Una persona con deseo sexual elevado no necesariamente tiene un trastorno. La clave está en la funcionalidad: si ese deseo interfiere con la vida cotidiana, genera sufrimiento o pone en riesgo la salud o las relaciones, entonces requiere intervención. 
 
Como explica el Dr. Orozco: “El tratamiento debe ser individualizado. No se trata de normalizar o patologizar el deseo, sino de entender su origen, su impacto y acompañar al paciente en la búsqueda de equilibrio”. 
 
Conclusión 

El deseo sexual no es una cifra ni una norma universal. Es una expresión íntima, compleja y profundamente humana. Cuando se apaga o se desborda, hay caminos clínicos, terapéuticos y educativos para recuperar el bienestar. Hablar de sexualidad con apertura, respeto y rigor es el primer paso para cuidar la salud integral. Porque el deseo, como la salud, merece ser escuchado, comprendido y acompañado. 
 
Clínica Medellín, la salud persona a persona.  


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