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Una compra en oncología nunca es una simple transacción: es una decisión que exige rigor, criterio y valentía técnica. En un entorno donde abundan genéricos, biosimilares y discursos comerciales seductores, la química farmacéutica Esther Bravo Muñoz nos recuerda que el verdadero poder está en saber evaluar, preguntar y verificar. Este artículo profundiza en las claves para elegir con responsabilidad cuando la seguridad del paciente está en juego. 


La selección de medicamentos en oncología es uno de los procesos más sensibles, complejos y determinantes dentro del servicio farmacéutico. No solo compromete la sostenibilidad financiera de una institución: compromete la vida, la seguridad y la continuidad terapéutica de pacientes que dependen de tratamientos de alta precisión.  
 
En este escenario, la química farmacéutica Esther Bravo Muñoz, Coordinadora de Farmacovigilancia de la Unidad de Oncología y de Investigación Clínica de la Clínica Medellín, plantea una reflexión profunda sobre el rol del farmacéutico y la necesidad urgente de fortalecer los criterios técnicos para tomar decisiones informadas. 
 
Este artículo amplía y detalla sus ideas, convirtiéndolas en una guía educativa para profesionales que enfrentan diariamente el reto de evaluar genéricos, biosimilares y múltiples opciones de un mismo principio activo. 
 
1. El dilema cotidiano: cuatro medicamentos, un solo responsable técnico 

Esther inicia con un ejemplo que muchos servicios farmacéuticos viven a diario: llegan cuatro versiones del mismo medicamento oncológico, cada una con precios, certificaciones y documentos distintos. La gerencia presiona por el más económico, los médicos esperan continuidad terapéutica y el proveedor promete maravillas.Pero la decisión final recae sobre el químico farmacéutico. 
 
Y esa decisión no puede basarse en intuición, tradición o presión administrativa. Debe sustentarse en evidencia, normatividad, análisis crítico y un profundo entendimiento de los riesgos clínicos. 
 
En oncología, un error no solo cuesta dinero: puede costar tiempo de vida. 
 
2. Genéricos y biosimilares: dos mundos distintos que exigen criterios distintos 

Esther insiste en una distinción que a veces se diluye en la práctica: 

Los genéricos no son biosimilares. 

Genéricos: 

* Son moléculas de síntesis química. 
* Su equivalencia se demuestra mediante estudios de biodisponibilidad y bioequivalencia. 
* Su variabilidad es mínima si el proceso de fabricación es adecuado. 
* Son más fáciles de evaluar técnicamente. 
 
Biosimilares: 

* Son productos biológicos complejos. 
* No pueden ser idénticos al innovador, solo “altamente similares”. 
* Requieren estudios clínicos comparativos. 
* Exigen farmacovigilancia intensificada. 
* En Europa se marcan con un triángulo negro para indicar seguimiento estricto. 
* En Estados Unidos llevan un sufijo de cuatro letras que identifica al fabricante. 
 
La evaluación de un biosimilar exige un nivel de análisis mucho más profundo, porque su complejidad implica riesgos clínicos que no se pueden subestimar. 
 
3. El marco regulatorio: fortalezas, vacíos y la necesidad de vigilancia activa 

La OMS clasifica las agencias regulatorias según su rigor. Colombia, a través del INVIMA, tiene una calificación intermedia (nivel 3). Esto significa: 

* Cumple estándares aceptables. 
* Tiene procesos sólidos, pero no infalibles. 
* Puede otorgar registros sanitarios a medicamentos que luego presentan alertas. 
* No siempre detecta fallos terapéuticos, especialmente en patologías complejas. 
 
Esther enfatiza un punto crítico: el registro sanitario no es garantía absoluta de calidad. 

Por eso el farmacéutico debe ir más allá del papel y verificar: 

* La vigencia de las BPM. 
* La reputación del fabricante. 
* La trazabilidad del principio activo. 
* La existencia de alertas internacionales. 
* La calidad del programa de farmacovigilancia. 
 
4. ¿Qué debe evaluar un químico farmacéutico antes de seleccionar un medicamento? 

Esther propone un enfoque integral que combina criterios técnicos, regulatorios, operativos y clínicos. A continuación, se amplía cada uno. 
 
4.1. Buenas Prácticas de Manufactura (BPM): el corazón de la calidad 

Las BPM no son un documento decorativo. Son la evidencia de que el laboratorio cumple estándares rigurosos de fabricación. 
 
El farmacéutico debe: 

* Verificar la vigencia del certificado. 
* Confirmar que la planta corresponde al fabricante real. 
* Revisar si la certificación proviene de una agencia confiable (EMA, FDA, PMDA, Health Canada). 
* Consultar bases oficiales como:  
* EudraGMDP (Europa) 
* FDA Inspections Database (Estados Unidos) 
 
Un laboratorio puede decir que tiene plantas aprobadas por agencias internacionales, pero solo la verificación directa confirma si es cierto. 
 
4.2. Aspectos regulatorios: saber qué pedir y por qué pedirlo 

Para medicamentos orales: 

Se deben exigir: 

* Estudios de biodisponibilidad. 
* Estudios de bioequivalencia. 
* Estudios de estabilidad. 
* Diseño del estudio (cruzado, aleatorizado, número de voluntarios). 
* Parámetros evaluados:  
* Cmax 
* Tmax 
* Área bajo la curva (AUC) 
 
Estos parámetros permiten determinar si el medicamento genérico se comporta igual que el innovador. 

Para inyectables acuosos: 

No se exige bioequivalencia (por bioexención), pero sí: 

* Análisis de excipientes. 
* pH. 
* Osmolaridad. 
* Estabilidad. 
* Compatibilidad. 
* BPM del fabricante. 
 
Pedir estudios de bioequivalencia para un inyectable acuoso es un error conceptual. El farmacéutico debe conocer estas diferencias para exigir lo correcto. 
 
4.3. Farmacovigilancia: el verdadero indicador de compromiso 

Un correo electrónico no es un programa de farmacovigilancia. 

El laboratorio debe demostrar: 

* Personal calificado (idealmente químicos farmacéuticos). 
* Procedimientos claros de recolección y análisis. 
* Tiempos de respuesta definidos. 
* Informes periódicos. 
* Capacidad de análisis de señales. 
* Comunicación activa con el INVIMA. 
 
La farmacovigilancia revela si el laboratorio realmente acompaña su producto o si solo cumple un requisito mínimo. 
 
4.4. Trazabilidad y abastecimiento: continuidad terapéutica garantizada 

En oncología, un desabastecimiento puede obligar a cambiar un tratamiento que estaba funcionando. Esto puede afectar la respuesta clínica del paciente. 

El proveedor debe demostrar: 

* Planes de continuidad del negocio. 
* Múltiples fuentes de principio activo. 
* Sistemas de trazabilidad (códigos únicos, plataformas de seguimiento). 
* Historial de cumplimiento. 
* Gestión de inventarios y demanda. 
* Planes de contingencia. 

Un medicamento excelente pero intermitente es un riesgo clínico. 
 
4.5. Servicios adicionales que sí aportan valor 

No se trata de regalos ni incentivos, sino de elementos que mejoran la seguridad: 

* Filtros para administración. 
* Material educativo. 
* Estudios de estabilidad ampliada. 
* Soporte técnico. 
* Capacitación al personal. 
* Documentación adicional de calidad. 
 
Estos servicios pueden inclinar la balanza cuando dos productos cumplen los mismos estándares técnicos. 
 
5. El liderazgo técnico del químico farmacéutico 

Esther es contundente: el químico farmacéutico es el líder técnico del proceso de selección de medicamentos. 
 
Su rol implica: 

* Presentar evidencia clara al Comité de Farmacia y Terapéutica. 
* Explicar riesgos y beneficios a la gerencia. 
* Defender decisiones basadas en ciencia, no en presiones comerciales. 
* Proteger la seguridad del paciente. 
* Garantizar la continuidad terapéutica. 
* Ser el puente entre la evidencia y la práctica clínica. 

El gerente decide sobre costos, pero el químico decide sobre calidad. Y la calidad salva vidas. 
 
6. Conclusión: recuperar el criterio técnico para proteger al paciente 

La selección de medicamentos en oncología no puede ser un trámite administrativo. Es un proceso clínico, científico y ético que exige: 

* Conocimiento profundo. 
* Capacidad de análisis. 
* Dominio de la normatividad. 
* Pensamiento crítico. 
* Independencia frente a presiones externas. 
 
El mensaje de Esther Bravo Muñoz es claro y urgente: los químicos farmacéuticos deben recuperar su rol como garantes de la calidad terapéutica. 
 
Porque detrás de cada decisión hay un paciente que confía en que el medicamento que recibe es seguro, eficaz y fabricado con los más altos estándares. 
 
Clínica Medellín, la salud persona a persona. 


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