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Las vacaciones son sinónimo de juegos, agua y risas, pero también de cuidados especiales. El calor, la exposición solar y los cambios de rutina pueden afectar la salud infantil si no se toman precauciones. Esta época también implica proteger a los más pequeños. 


¡Por fin temporada de vacaciones! Playa, piscina, helados, tardes eternas y niños felices corriendo de un lado para otro. Este período es una de las épocas más esperadas del año, especialmente para los más pequeños. Pero, seamos sinceros: cuando hay niños de por medio, la palabra descanso, en ocasiones, adquiere un significado relativo. 
 
Y es que, aunque las vacaciones son para disfrutarse, también es una época en la que debemos prestar especial atención a la salud infantil. Las altas temperaturas, la exposición solar, los cambios de rutina o el exceso de actividad pueden pasar factura si bajamos la guardia. 
 
Laura Sánchez Soria, enfermera especialista en pediatría perteneciente al Grupo Quirónsalud recuerda que "los niños solo piensan en disfrutar y pasárselo bien, pero los adultos debemos mantener siempre la atención en su seguridad y bienestar". 
 
La buena noticia es que no hace falta convertir las vacaciones en una rutina estricta. Con algunos hábitos sencillos, es posible disfrutar de la época de forma saludable y segura. 
 
Mantener cierta rutina en vacaciones 

En verano cambian los horarios, las comidas y hasta el ritmo de sueño. Y no pasa nada. Las vacaciones también sirven para flexibilizar un poco el día a día. 
 
Eso sí, los expertos recomiendan mantener ciertas rutinas básicas, especialmente en niños pequeños. Por ejemplo, el hecho de tener una hora aproximada para dormir, organizar las comidas equilibradas o limitar el tiempo de pantallas ayuda a que los niños descansen mejor. 
 
Además, el uso de la televisión, tablet o móvil suele aumentar durante esta época libre de exámenes y deberes. Por eso la importancia de establecer límites para que las pantallas no ocupen todo el tiempo libre. 
 
Hidratarse: el consejo más importante  

Los niños se deshidratan antes que los adultos, especialmente cuando hace mucho calor o pasan horas jugando al aire libre. Por eso, no conviene esperar a que pidan agua. Muchos están tan entretenidos que ni siquiera perciben la sensación de sed. 
 
Para evitar problemas: 

* Ofrece agua frecuentemente 
* Lleva siempre una botella encima 
* Prioriza frutas ricas en agua como sandía 
* Evita bebidas azucaradas y refrescos 
* En bebés y niños pequeños hay que vigilar señales como irritabilidad, cansancio, boca seca o menos pañales mojados. 
 
Proteger a los niños del sol 

Uno de los grandes clásicos de vacaciones es la pelea diaria con la crema solar. Y sí, sabemos que conseguir que un niño se quede quieto mientras le aplicas protector puede parecer una prueba de resistencia. 
 
Sin embargo, es fundamental proteger la piel infantil. Los rayos ultravioleta (UV) pueden producir quemaduras, envejecimiento cutáneo precoz e incluso aumentar el riesgo de cáncer de piel en el futuro. 
 
Laura Sánchez nos explica que la piel de los niños es muy fina y delicada, por lo que requiere más protección. "Las zonas del cuerpo más sensibles y que debemos mantener siempre cubiertas son la cara, el cuello, el cuero cabelludo, los hombros, las orejas, las manos y los empeines", subraya. 
 
Por otro lado, muchas familias desconocen que las radiaciones UV atraviesan las nubes y también se reflejan en el agua, la arena o el asfalto. Así que incluso los días nublados hay riesgo de exposición solar, por lo que no puede faltar la crema solar. 
 
Cómo proteger la piel infantil  

Frente a los rayos solares, la especialista recomienda seguir varias medidas básicas: 
 
* Los menores de 6 meses deben evitar la exposición directa a los rayos de sol y permanecer a la sombra. 
* Los niños mayores de 6 meses deben usar sombrero de ala ancha, gafas con filtro UV y ropa ligera que cubra la piel. 
* La exposición solar prolongada se debe evitar entre las 10 y las 16 horas. 
* El protector solar debe aplicarse media hora antes de salir de casa y renovarse cada dos horas o tras el baño o jugar. 
 
También aconseja utilizar un factor de protección superior a 30 y no olvidar zonas como orejas, empeines, cuello o labios. La clave es sencilla: "Sombra, sombrero y protector solar", apunta. 
 
Mucho cuidado con los golpes de calor 

Durante las vacaciones los niños no paran. Corren, saltan, nadan, juegan y parecen tener energía infinita. Pero las altas temperaturas pueden ser peligrosas. 
 
Los golpes de calor en la infancia son más frecuentes cuando realizan actividad física intensa en las horas centrales del día. Por eso, conviene evitar juegos al aire libre entre las 12 y las 17 horas, buscar espacios frescos y descansar con frecuencia. 
 
Un niño excesivamente cansado, mareado o con dolor de cabeza puede estar sufriendo los efectos del calor. 
 
Piscina y playa siempre con vigilancia 

Estos sitios son sinónimo de diversión, pero también de uno de los mayores miedos de cualquier familia. Cada año se producen numerosos ahogamientos infantiles que podrían evitarse con supervisión adecuada. Por eso, nuestra enfermera invitada insiste en no dejar nunca a los niños solos cerca del agua. La mejor recomendación es tan sencilla como efectiva: bañarse con ellos y compartir el juego. 
 
Al final, los recuerdos más bonitos rara vez tienen que ver con hoteles perfectos o planes espectaculares. A menudo surgen en situaciones habituales como una tarde de piscina, una sandía fría en la playa o una guerra de agua improvisada en el jardín. Eso sí, siempre con la idea clara de disfrutar mucho, pero con responsabilidad. 



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